El sufrimiento generacional

A medida que nos vamos adentrando en nuestra meditación podemos contemplar el sufrimiento en nuestros cuerpos. En la mayoría de los casos este sufrimiento procede del campo vibratorio de nuestro sistema familiar.

De pequeños hemos tomado el sufrimiento de nuestros padres como el propio. No podíamos hacer otra cosa. Nos hemos criado en un ambiente con una impronta determinada, con una determinada vibración. El hecho de pertenecer a una familia nos ha hecho  integrarnos en un sistema de creencias, ideas y, lo más importante en un sistema energético común.

Cuando nos sentamos a meditar, cuando nos paramos a sentir podemos detectar un tremendo dolor. Y no saber la causa de ello. Cuando este dolor emerge contiene un enorme regalo, si sabemos sentarnos pacientemente con él. En vez de querernos salir rápidamente de ese campo de fuerza necesitamos sentirlo, permitir que el dolor hable y se exprese. El dolor sentido es un dolor transmutado, un proceso alquímico que nos puede ayudar a conocernos a nosotros mismos.

Es importante darnos cuenta de que este no es un proceso mental es decir, no lo podemos transformar desde la mente. La mente nos ayuda a darnos cuenta, a concebir exactamente cuáles son las trampas en las que vive atrapado nuestro sistema. El camino de salida es un proceso energético en el que permitimos que lo que está en nuestro inconsciente se manifieste, se haga consciente.

Como  primer punto para transformar nuestras heridas debemos tomarnos el espacio para sentirlas. Dejar que desarrollen su curso sin meternos prisa o juzgarnos. Acompañarnos como haríamos con un niño pequeño que necesita apoyo. Respirar profundamente lo que nos sucede cuando nos sucede. Entrar en la consciencia corporal, emocional y mental de nuestro cuerpo.

Observar lo que nos molesta o nos hace reaccionar sin responder de forma compulsiva sino de forma amable y protectora.

Como segundo punto tenemos que instalarnos en la conciencia amplia de lo que somos. Y este es un punto muy importante. Sin el conocimiento real y tangible de que somos consciencia, sin acudir a la inmensidad que existe dentro de cada uno de nosotros no podemos ser realmente libres. Seguiremos atados a la rueda de la eterna repetición. Sentir este enorme espacio dentro de nosotros es lo único que puede salvarnos.

Cuando en una familia alguien se atreve a sentir sus limitaciones, su profunda humanidad puede devolver el sufrimiento a su origen.  Puede realmente conocerse a  si mismo y sanar todo el sistema familiar. La clave para ello es permitir que brote lo que está guardado, reprimido o no sentido y darse cuenta de forma energética que nosotros no somos eso sino la Consciencia en la que el dolor sucede. Y mucho más…

Con amor, Sanatha

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Sanatha
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